Distribución geoespacial del caracol gigante africano (l. fulica) vs Angiostrongylus s.p en el distrito especial de Santiago de Cali
Sinopsis
El capítulo dos sobre el caracol Gigante Africano (Lissachatina fulica) en Cali y el Valle del Cauca expone una problemática ambiental y de salud pública que abarca múltiples áreas: control de plagas, investigación científica, y educación comunitaria. El caracol gigante africano (Lissachatina fulica) es una de las especies invasoras más peligrosas a nivel mundial, clasificada entre las 100 más dañinas por la UICN. En Cali, las condiciones climáticas, como la humedad y las lluvias estacionales, junto con el manejo inadecuado de residuos sólidos y escombros, favorecen su proliferación. Desde 2020, el Departamento Administrativo de Gestión del Medio Ambiente (DAGMA), ha reportado miles de especímenes recolectados en zonas urbanas y comunas como la 6, 14 y 2. Sin embargo, la expansión hacia áreas rurales representa una amenaza creciente para los ecosistemas locales y la agricultura. El contacto con L. fulica puede transmitir parásitos como Angiostrongylus s.p., que causan enfermedades graves como la meningoencefalitis eosinofílica y la angiostrongilosis abdominal en humanos, así como afecciones pulmonares en animales domésticos. Además, la plaga genera importantes pérdidas agrícolas y altera los ecosistemas, desplazando a especies nativas y afectando la calidad del suelo. Se han identificado factores clave en su propagación, como el exceso de materia orgánica en descomposición, zonas verdes abandonadas, y el uso de tierra o abonos que no tienen un control sanitario en relación a la presencia de huevos en ellas. Las campañas de recolección y educación comunitaria son fundamentales, pero el control efectivo se ve limitado en predios privados y zonas rurales, donde el caracol encuentra condiciones ideales para reproducirse, llegando a depositar entre 900 y 1,200 huevos al año. Mapas de calor elaborados por el DAGMA y nuestros estudios científicos recientes muestran que las comunas históricas más afectadas son la 5, 6, 8, 10 y 11. En el Valle del Cauca, la plaga ha sido detectada en 35 municipios, con mayor incidencia en La Unión y Toro. La investigación de Aguilera-Arango et al. (2020) revela que la distribución está influenciada por la altitud y las condiciones climáticas, siendo las áreas bajas y húmedas las más vulnerables. El Caracol Gigante africano, ha sido declarado plaga desde 2008 en Colombia, y su control requiere un enfoque integral que combine esfuerzos gubernamentales, académicos y comunitarios. En el marco del proyecto de investigación Caracol africano, la Universidad Santiago de Cali, ha desarrollado e implementado, herramientas como pruebas moleculares para detectar parásitos y programas educativos para sensibilizar a la población. Sin embargo, persisten desafíos significativos, como la limitada capacidad para manejar la plaga en áreas privadas y rurales, y la necesidad de más datos sobre la interacción entre L. fulica y el microclima local. La resolución 654 del Ministerio de Ambiente ha establecido lineamientos para la prevención y control de esta plaga, pero su implementación requiere de recursos específicos, una base de datos actualizada y medidas coordinadas entre diversos actores. La presencia de L. fulica en Cali y el Valle del Cauca no solo plantea riesgos ambientales y económicos, sino también graves implicaciones para la salud pública ya que los Angiostrongylus s.p, están presentes en las comunas de Cali. Su control debe priorizarse mediante estrategias integrales, basadas en la investigación científica y el compromiso comunitario, para mitigar su impacto y prevenir su propagación a nuevas áreas.





















