Hacía una violencia mesiánica. El actor político como catalizador de la violencia en los procesos de transformación social
Synopsis
En el campo de la teoría no es lícito confundir lo deseable con lo posible, pues la realidad exige una comprensión basada en sus genuinas determinaciones, no en nuestras pretensiones. No podemos ignorar, entonces, que los grandes procesos de transformación social precisan (y lo han hecho siempre) de la potencia creativa, aunque dolorosa, de la violencia bajo su forma política. En este sentido, toda la violencia transformadora o revolucionaria que se despliega cuando un sector del pueblo se levanta en contra de un gobierno que ha hecho del “estado de corrupción” la regla, debe ser pensada en los márgenes de lo político y de su lógica interna, en la medida en que toda opción política –en tanto opción genuinamente aglutinante, representativa, hegemónica– es siempre una posibilidad que se construye, una opción constituida por un actor político determinado, de un modo y en un momento determinados, y en circunstancias también determinadas. Se trata del pueblo en su conformación mesiánica (una conformación que no puede pensarse ni entenderse sino en tanto hecho histórico y político) y de la violencia que éste despliega para construir un orden hecho a su imagen y semejanza.





















