Ejercicio y dislipidemias
Sinopsis
Según la Organización Mundial de la Salud la actividad física se define como cualquier movimiento corporal producido por el músculo esquelético que representa un gasto de energía a nivel celular. Así mismo, define el ejercicio como una actividad física que requiere planificación, estructuración y repetición con la finalidad de mejorar el mantenimiento de uno o más componentes de la condición física. La actividad física incluye otras acciones como trabajar, tareas domésticas y recreación (1).
El ejercicio es uno de los pilares en la promoción y prevención de la salud; su periodicidad y regularidad genera múltiples cambios en los diversos sistemas del ser humano, lo que se traduce en numerosos beneficios en la salud física, emocional y mental del individuo, durante el curso de la vida. En los adultos jóvenes por ejemplo, mejora la autoestima, los vínculos afectivos, fortalece la salud mental y emocional ayudando a controlar el estrés, la ansiedad y reduciendo el riesgo de depresión. Igualmente contribuye al bienestar físico disminuyendo la ocurrencia de enfermedades no transmisibles como las cardiovasculares y metabólicas. Así mismo mejora las funciones cardiorrespiratorias, muscular y la salud cardiometabólica y ósea (2, 3). A pesar de estos beneficios, estudios recientes de la OMS señalan un aumento del sedentarismo en la población joven a nivel mundial, en donde uno de cada cuatro adultos no realiza actividad física, siendo las mujeres en un alto porcentaje más inactivas que los hombres, lo que pone en riesgo su salud presente y futura. La falta de actividad física también contribuye al aumento de la prevalencia de enfermedades no trasmisibles, constituyéndose en el cuarto factor de riesgo más importante de mortalidad en todo el mundo (4,5). Por lo tanto, es importante que las naciones contribuyan con medidas que den oportunidades para que las personas puedan aumentar la actividad física, mejorando su calidad de vida.





















